Una de lácteos

Hoy la cosa va de leche. Llevo mucho tiempo preguntándome si yo podría hacer productos lácteos en casa. Siento morriña de los que hacían en mi casa cuando era pequeño. Y me he puesto a ello.
Mi abuelo tenía ovejas y cabras. Y recuerdo a mi abuela vendiendo quesos y leche ( cuando todavía en los pueblos se iba a las casas donde había vacas u ovejas a por leche). El olor del lácteo impregnaba la casa. Quizás ese olor hoy en día nos resulte ofensivo, acostumbrados, como estamos, a los ambientadores de spray, pero en mi recuerdo era un aroma delicioso.
Siempre había unas jarras que les llamaban cuartilla y la jarra de litro. La cuartilla equivalía ( más o menos) a medio litro.
Los yogures, las cuajadas y los quesos, para que contaros, eran caseros.
Cuando mis padres fueron a vivir a Logroño,  pero la ciudad todavía no se había expandido como es ahora. En los alrededores había vaquerías y hacíamos excursiones para comprar la leche que todavía no utilizábamos el tetrabrick.
Con el tiempo, la comodidad se fue imperando, como en todos los rincones de nuestras vidas, y la compra de la leche se terminó haciendo en la tienda más próxima ( otro día hablaré de ella) y posteriormente en el supermercado. No culpo a mis padres porque yo, hoy en día, estoy inmerso en la misma urgencia por terminar todo ( trabajo, casa, hijos).
Cuando mis abuelos dejaron el rebaño, y el tetrabrick o la bolsa de leche llegó a su casa, y yo pasaba cualquier momento libre que tenía allí, siempre acompañaba a mis amigos a comprar a las casas con las bicicletas y el cuartillo colgando, procurando que todo el líquido llegara a casa, aunque en algunas ocasiones fuera más que difícil.
Pues este finde me he puesto a ello con resultados desiguales.
Compré leche fresca, aunque pasteurizada para hacer yogurt y queso fresco.  Le cogí prestada una yogurtera “vintage” a mi madre; y digo vintage porque era la que les regalaron cuando se casaron (impresionante fotos de los productos de la época que venían a modo de tríptico publicitario en el interior).
Los yogures fáciles siguiendo la receta tradicional: una cucharada de yogurt, leche y esperar 12 horas hasta que la yogurtera haga su función .Con 30 ct de leche fresca obtienes 6 yogures buenísimos. Bien vale la pena la espera.  Una vez más, la lentitud es la que nos marca la forma de vida.
En cuanto al queso, compré cuajo en la farmacia y 3 litros de leche fresca, calenté la leche hasta 40ºC le eché el cuajo y a esperar… y a esperar…. Y a esperar. Y eso no cuajaba. Terminé con una especie de requesón buenísimo, pero nada más.
Esperaremos a otro fin de semana para volverlo a intentar.

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