La sal de la tierra

Recientemente visitamos las Salinas de Añana, municipio al oeste de Álava y cercano a La Rioja, descubriendo una forma diferente de la relación con la tierra.

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Hay datos de la explotación de estas Salinas desde 822 y siéndoles concedido fuero en 1140 por Alfonso VII de León. El valor de la sal como conservante hizo que desde su nacimiento hasta mediados del siglo XX estas tierras fueran especialmente  codiciadas. El Valle Salado es regado por manantiales que atraviesan sedimentos de sal y afloran hasta formar el río Muera.

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A mediados del siglo XX, debido a la explotación industrial de la sal, estas salinas dejaron de ser rentables quedando prácticamente abandonadas, huyendo sus pobladores hacia áreas urbanas en busca de un supuesto modo de vida mejor.
Gracias a la declaración de Monumento Histórico y la recuperación parcial, la zona vuelve a florecer al calor de un turismo que busca ver cómo se hacían las cosas antes y con qué paciencia sus actuales exploradores obtienen este fruto se la tierra a su ritmo natural.

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Y es que los propietarios utilizan materiales naturales y producen sólo lo que son capaces de consumir o vender, y la recogida se realiza estacionalmente.
Quizás este conservante tan alejado de los E… que aparecen en las etiquetas de los alimentos que consumimos hoy en día, nos enseñe a respetar los ciclos naturales como llevamos cientos de años haciéndolo.

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Gran visita unida además al cercano salto del Nervión.

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