Sin foto no hay aventura

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Semanas atrás, pasamos un fin de semana en Broto, en el corazón del pirineo oscense.

El sábado hicimos la típica excursión a Ordesa hasta la Cola de Caballo y el domingo aprovechamos para visitar pequeños pueblos de los pirineos.

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El sábado temprano comenzamos la ruta de las cascadas a un ritmo pausado, charlando y disfrutando del paisaje espectacular, dentro de una marcha intermitente de paseantes de lo más heterogéneo: domingueros de ropa de Quechua recién estrenada, familias con hijos pequeños, montañeros equipados para pasar la noche a los pies de Monte Perdido y hasta alguna pareja con mocasines y camisa blanca.

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Como digo, la marcha transcurría tranquila  admirando los torrentes de agua que se precipitaban al vacío. En cada parada obligatoria, al cerrar los ojos podías sentir las gotas de agua que quedaban suspendidas después de la caída de las cascadas, el ruido ensordecedor….hasta que  un palo de selfie se encontró delante de mi.

– Disculpe – Me dijo el padre de la  familia que había llegado antes que nosotros a la segunda cascada.                      

-Dele, dele- le animé.

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Todo el camino estuvo salpicado de paradas donde los distintos grupos se retrataban en tan majestuoso lugar. Respiré aliviado cuando pasamos las gradas de Soaso( precioso lugar para tomarse un descanso y dejar pasar el tiempo viendo correr el agua) al entrar en una amplio valle, que finaliza en la Cola de Caballo.

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Animados por la euforia general, aprovechamos para hacernos una foto de recuerdo y dar cuenta del bocadillo que ya empezaba a pesar en la mochila. Los selfies continuaron durante la parada de avituallamiento

A la vuelta comprobamos que la gente con la que compartíamos camino no se paraba a realizar fotos. El recuerdo ya lo tenían en su móvil. Aprovechamos para parar en los puntos que, a la subida, estaban atestados de gente.

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Recordé entonces un reportaje que había leído en un suplemento dominical, que trataba de un reportero de mediados de siglo XX. No recuerdo el nombre del aventurero pero sí la frase que, a modo de titular, coronaba el artículo: “…uno de los últimos reporteros que, para sus crónicas,  apuntaba el objetivo al punto del que hablaba y no le daba la espalda”.

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Dudo mucho que, una vez que enseñen sus fotos, puedan decir que disfrutaron de todo el esplendor de Ordesa porque lo recordarán a través de solo  5 pulgadas y nunca llegarán a sentir las heladas gotas de agua el rostro.

 

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