Ya no se canta en el campo

Es de noche oscuro cuando los primeros hombres salen de sus casas camino de la finca donde dejaron el tajo el día anterior. Cierran los ojos respirando el frescor del amanecer, queriendo retenerlo al máximo porque, dentro de poco, el sol no les dará tregua.

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Con los primeros rayos las mujeres se ponen en marcha, acarreando las cestas para la comida. Unas van en carro donde los botijos recién llenados de agua fresca saciarán la sed que da el duro trabajo de la siega. Cuando llegan a la finca, ya tienen tarea, pues el grueso de los hombres armados de hoces y guadañas y protegiéndose con zoquetas los dedos y sombreros de paja la cabeza, han ido abriendo camino en el campo de trigo.  Ellas empiezan a doblarse para comenzar a espigar. Van  amontonando las mieses que luego cargarán en carros para llevarlos a las eras.

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Ata bien y siega bajo, aunque te cueste trabajo. Repiten a los más jóvenes.

La conversación, las chanzas y las canciones van animando la mañana.

Canta alegre, el segador

en medio de la faena.

No es suya la mies y canta,

¡qué sería si lo fuera!

A la hora de la comida, cuando el sol está más alto, buscan cobijo en alguna sombra. Unos apoyan la espalda contra los árboles que hacen las veces de comedor improvisado. Otros tumbados cual largos son, tratan de aliviar el dolor de riñones. Un jota rompe el silencio de la sobremesa. Alguno se queja, pues no le dejan echar una cabezada.

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Segadora, segadora,

¡qué aborrecida te ves!

Todo el día en el rastrojo

y agua no puedes beber.

                                              

El entusiasmo va languideciendo como el sol. A última hora de la tarde, los carros devuelven a los trajinados segadores a sus casas para recuperarse para la siguiente extenuante jornada. Las canciones han dado paso a refranes y frases hechas que invitan a recogerse. Unos pocos se llegan hasta la era. Más tarde saldrán a la fresca. Los más valientes se animan a un trago.

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Hoy en día el aire acondicionado de las cabinas deja fuera el calor y el asiento el dolor de espalda. En la radio se escuchan tertulianos debatiendo sobre política y economía. Ya no se canta mientras se siega.

 

 

 

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