Buscando el agua

Poco a poco estamos llegando al final de la época estival. El campo se torna seco después de la cosecha del cereal, las vides pronto enrojecerán y los árboles poco a poco empezarán a sembrar de hojarasca los bosques. Pero la huerta se mantiene  en todo su esplendor: Tomates, pimientos, patatas, las eternas acelgas, melones y sandías y, por supuesto los inesperados frutales, que tan pronto amargan con sus tempranos frutos, como se pudren en nuestras neveras al no dar a basto con la avalancha de los mismos.2016-08-29_11-46-43

Para que las huertas luzcan como ahora, es necesario su cuidado todo el año, pero más aún en verano que es cuando más delicado está el fruto y, de no regarlo o regarlo en demasía podríamos perderlo. De ahí la importancia de tener acceso al agua en esta época y controlarla.

Hoy en día, estancas, regadíos, tubos de goteo, hacen más fácil la labor que en otra época era costosa. Una reminiscencia de entonces quedan las dómedas ( o turnos de riego) que se sorteaban al principio de verano para decidir quien empezaba a regar.

Recuerdo a mi abuelo de noche o al amanecer ( según la huerta que deseaba regar), yendo a buscar el agua. Yo, una especie de Indiana Jones en miniatura, le acompañaba   entusiasmado pensando en una aventura, con azadilla en una mano y una linterna de las viejas de pila de petaca en la otra, y la luz de la luna dando ambiente. Escuchando expresiones como dejarla guiada, la parada, recorrer el agua o el tempero pasaba los ratos muertos hasta que el bendito agua anegaba las distintas regaderas labradas en las diferentes tablas de la huerta como si un ingeniero los hubiera diseñado. Admito que alguna vez estaba torcida y se excusaba en que  así recogía más agua la planta. Más de una zapatilla mal atada se quedó en el fango y más de una vez regresé a casa con una mascarilla de barro natural.IMG_20160829_233756

Llegará el día en que abramos el grifo en cada huerta sin tener que recorrer ningún camino en su busca, pero mientras tanto disfrutaremos de los recuerdos y anécdotas, como contaba un amigo recientemente, recordando a su abuelo ( nos habrá dado por recordar a todos) que al tocar regar de madrugada, él y su hermano , unos tipos tremendos, se quedaban dormidos con la mano en la regadera a la espera de que el agua les despertara.  Última tecnología, oiga.

 

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