Sierra de Segura

Este fin de semana disfrutamos de unos días en la impresionante Sierra de Segura. Fue un encuentro de familia, y sin embargo amigos, enmarcada por montañas, bosques, riachuelos y cascadas. 

Siempre que me adentro en zonas donde la orografía es tan agresiva, me pregunto cómo era la vida de esta gente hace 50 años. Me contaron de la dureza de aquella vida en esta zona donde  las aldeas no cuentan con más de una veintena de casas, donde la soledad era una constante todo el año: en otoño los hombres partían hacia la recogida de la Oliva, en invierno con sus copiosas nevadas que los dejaban aislados. Y en época de tala, volvían a partir los hombres para bajar los troncos por la cuenca del Segura. Aún existe un río llamado Madera por donde bajaban de otra vertiente los troncos hacia el torrente principal del Segura.


Existe por aquella zona un museo autollamado eco, compuesto por herramientas encontradas por toda la Sierra  y que debería dedicarse a la memoria de toda esa gente que sobrevivió en aquellas condiciones y que vio como poco a poco las aldeas fueron siendo abandonadas. 

Menos mal que un grupo de locos ha vuelto a repoblarlas, aunque sea los fines de semana, inundando de música y alegría las preciosas noches estrelladas.

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