Buscando setas

En la época en que el frío y la lluvia empieza a aparecer, una plaga se propaga por los bosques y montes de nuestras regiones: El setero. Tanto los aficionados de toda la vida como los de fin de semana (invariablemente vestidos como si fueran a conquistar el Everest), toman de madrugada las carreteras que llevan a los montes a por hongos. Decidí unirme a una expedición de unos familiares (y sin embargo amigos) para tener una aproximación de este mundo que parece empezar a fascinar a tanta gente. He aquí mi experiencia.

see-you-next-autumn

06:00. Nos levantamos temprano. Como cualquier afición, el madrugón siempre es bien llevado. Nada que ver con el despertador diario. Preparamos café y empaquetamos en la mochila embutido, agua, una navaja, algo de fruta. Mejor mete un chubasquero y gorro, me habían comentado.  Una vez recogida la cesta, todo lo necesario ya está recogido.

06:45. Nos ponemos en marcha para llegar a destino antes que el resto. Durante hora y media de camino el silencio impera en el coche. Alejado de la ciudad, una caravana de luces va serpenteando camino del alto donde aparcaremos los coches antes de adentrarnos en el bosque.

08:00 Una vez desembarcados, comprobamos que la niebla “arroja” una continua manta de finísima agua. El chubasquero y la gorra me han venido genial para mi andadura. Sigo a mis compañeros ese día, uno de ellos bastante curtido entre pinares, otro tan novato como yo en este mundo de las setas y el último, más joven, lleva desde el año pasado recolectando, pero es el que más entusiasmo aporta a nuestro pequeño grupo y se agradece en esa triste mañana. Primero con unas luces frontales vamos comprobando que el ascenso en principio es liso. Poco a poco, el amanecer, nos va descubriendo la verdadera altitud del bosque.

9.00. Después de una hora de caminata, llegamos al alto, donde hay un paso de alambre. No sin cierta dificultad, pasamos cestas y mochilas, procurando por último no dejar parte de nuestra indumentaria en los pinchos.

9.30. Empiezo a pensar que quizás mejor hubiera sido quedarme en la cama, cuando aparece el primer ejemplar: un boletus pinícola. Bastante sano, comentan. El ánimo vuelve al grupo que sigue revisando matorrales y hojarasca en buscar de más hongos.16010078083_9e02aa157d_m

10.30. Hemos encontrado 5 boletus más y un claro donde, debajo de unos arbustos, se apelotonaban níscalos. Tengo el orgullo de haberlo encontrado yo mismo. Supongo que el color ha hecho detenerme a contemplarlos. Decidimos hacer un alto y dar cuenta de los embutidos, la tortilla de patatas del compañero regado con un vino fresco como el día que el más joven ha ido cargando todo el camino.

.8096858775_f2e74c6edc_m

11.00. Después de tanta caminata y copioso almuerzo, cuesta volver a ponerse en marcha. Pero las ganas de un nuevo trofeo anima aún más. Recogemos todo, procurando no dejar ni un rastro de basura y seguimos por un camino con la esperanza de llegar a una ladera más húmeda.

11.10. La niebla se ha echado sobre esta parte del bosque y ha hecho que perdamos la orientación. Hemos decidido seguir el camino, hacia lo que parece un refugio. Al llegar comprobamos que es un refugio de cazadores., pero también es el final del camino, por lo que debemos regresar. El novato, al igual que yo, nos estamos poniendo nerviosos, pero los otros dos, parecen disfrutar con la experiencia.

8510679400_9c94d598d1_m

12.30. Después de deambular un buen rato, la niebla se disipa y nos muestra el camino de nuevo. No solo eso, sino que también encontramos la ladera más húmeda, y empezamos a recoger bastantes ejemplares con avidez, pues se oye unas voces a lo lejos y tratamos de adelantarnos a ellos en nuestra caza.

untitled

13.30. Bajando ya de la ladera, despreciamos varios Pie Azules, agusanados, y retomamos el camino que habíamos tomado de noche.

11947945976_1520af8507_m

14.00. Llegamos a la cafetería del aparcamiento donde habíamos dejado el coche. La imagen, me desconsuela, porque pierde todo ápice de aventura en soledad. Ya que decenas de coches se agolpan en el parking, y, vestidos con sus indumentarias de montaña baratas y botas de monte de la misma marca, van llegando a la cafetería para reponer fuerzas. Al entrar nuestro grupo pedimos unas cazuelas de huevos, patatas y hongos y unas cervezas para matar la sed y el susto por habernos perdido. Cuando voy hacia la barra, me encuentro a un paisano con con buzo azul y botas de agua, que vende boletus a 12 euros el kg. Me pregunto cuántos de los montañeros terminaran comprando un par de kilos para no llegar con las manos vacías.

16.00 Al llegar a casa, limpio con un cepillo como me han enseñado los hongos , los escaldo y los meto en bolsas para congelar. Algunos laminados. El resto no pasarán de mañana. Quizás el fin de semana que viene, una vez recuperadas las piernas, vuelva a probar suerte en esos fecundos pinares.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s