La esencia del Baztan

Hacía años que no volvía por aquella zona a pesar de tenerla tan cerca. La idea era un fin de semana por el Baztan. 

He de reconocer que el origen del viaje fue la tan manida Trilogía de Dolores Redondo. Más que las novelas con las que disfruté, fue con la película. Más que con la película en sí, fue con el ambiente brumoso y húmedo de la zona.

Sin embargo, muy a mi pesar, y para alegría de mi compañera de aventura, lució un sol espléndido que nos dejó contemplar la belleza de un valle especialmente verde en esta época.

Comenzamos nuestra ruta en el alto del valle del Bidasoa. Pueblos como Etxalar, sumamente cuidados, nos encantaron, con su arquitectura tradicional. Tras dejar el pueblo nos dirigimos a Zugarramurdi por una carretera que se adentraba por unos kilómetros en Francia. Al pasar a aquella zona, el estilo de las casas cambia con los inconfundibles caseríos con maderas rojas, propias del País Vasco francés.  Sare, Ainhoa, al igual que otros pueblos más cercanos al mar como San Juan de Luz, tienen el mismo estilo. Todo muy francés, oiga. Acabábamos de escuchar euskera y ahora hablaban en francés a tan poca distancia.

Por fin llegamos al pueblo de las brujas, cambiando de nuevo de estilo hacia el estilo tradicional. Muchas de ellas datan del siglo XVII. Muchas de ellas lucen el distintivo de Casa Rural. 

Después de la obligada visita a la cueva y el paseo por aquel precioso pueblo, bajamos a comer a Urdax, parada en Amaiur y fin del trayecto en Elizondo, puerta del Baztan, y escenario de novelas y película con la que comenzamos el viaje y que habíamos olvidado.

Mientras pusimos la guinda al día con uno de los mejores chocolates que hemos probado. Y mientras lo saboreábamos, acompañado de un txantxigorri, para mimetizarnos con el ambiente, debajo de un póster de la película El Guardián Invisible, me dió por pensar en brujas y valles, en casonas y montañas.

Y es que la gente de esta zona ha sabido conservar la esencia de sus pueblos gracias a la dificultad, que, tiempo atrás, existía para comunicar estos valles. Los pastos y la ganadería, como principal medio de vida. Aislados. Creando su propio folklore. Sus propias tradiciones. Una mitología rica unida a la Tierra, Ama Lur.  Hoy en día, ya comunicados, siguen conservando esa esencia y explotándola. El turismo rural ha arraigado, en pueblos especiales, con encanto, les llamamos. Con excursiones guiadas.  Pero lo que de verdad nos gusta es descubrir que el encanto reside en preservar ese amor a la Tierra, en mantener aquellas casonas con el espíritu de aquellas brujas, para llevarnos una parte de vuelta a casa. A nuestras pisos sin ese alma y alejados del suelo.

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