Sacando las campanillas

Algo que se ha perdido una vez llegados a la era de las comunicaciones es la manera de realizarlas. Hoy una llamada o un mensaje facilita la forma de hacer llegar una noticia. 


Lejos han quedado palomas mensajeras, señales de humo, telégrafos…

Atrás ha quedado, también, el tañir de las campanas. Se hacían sonar en caso de peligro, de incendio, de fiesta, de boda o de funeral. Siguen sonando los cuartos y las enteras que llegas a oír cuando estás en el campo en silencio o durmiendo de madrugada.


En mi pueblo, también se suelen utilizar unas campanitas unidas a un mango que alguien, siempre el mismo, hace sonar por las calles cuando ha muerto alguien. La gente pregunta de quién se trata. El campanero responde y sigue su camino por todo el pueblo. Algún forastero, incluso lo ha confundido con connotaciones festivas, aunque, debido a las caras lúgubres de quienes preguntan, rápidamente se dan cuenta del error.


Hoy sacan las campanas por ti. Y les seguirán las grandes de la iglesia con su tétrico sonido y acabarán volteando las de tu ermita dándote la bienvenida.

Adiós abuelo, hasta siempre.

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