El fin de las tiendas de barrio

Hoy he estado dando una vuelta cerca de casa de mis padres. Por el barrio donde me crié. Hacía mucho que no me fijaba pero las persianas cerradas me han hecho darme cuenta de que las tiendas de barrio son una especie en peligro de extinción. 
Este paseo me ha hecho recordar ese barrio que parecía sacado de la serie Cuéntame. Teníamos un descampado, una plazoleta, tienda de alimentación, mercería, taller mecánico, colegio, farmacia, librería, recreativos y cafeterías.
De todo aquello apenas queda otra tienda de alimentación que recogió el relevo aquella donde comprabamos el pan y que sobrevive a duras penas y una mercería. Precisamente me he quedado mirando el escaparate de esta tienda donde tantas veces entré acompañando a mi madre, gran costurera, para pedir botones, cremalleras o rodilleras ( me pregunto de qué material fabricarán los tejidos hoy en día porque no ves muchas rodilleras en los pantalones de los niños).
Estaba echando un vistazo al escaparate lleno de botones y lanas y una voz familiar me ha hecho regresar de mis recuerdos. 

– Tu eres el hijo de Mari, verdad? 

– Sí. El mismo.

– Dale recuerdos a tu madre. 

– De tu parte.

Y es que en otra época, hacer vida de barrio era como vivir en un pueblo, donde se conocía todo el mundo ( para lo bueno y para lo malo), y en el que la compra de diario se hacía en las mismas tiendas viendo carritos llenos por las calles antes de que en los centros comerciales ocuparán ese lugar.

Hoy las ferreterías de nuestros barrios exhiben utensilios de cocina de diseño para sobrevivir y muchas fruterías se han especializado en productos ecológicos, igual que las panaderías que ofrecen hogazas especiales que compitan con las barras chiclosas de los supermercados, manteniendo ese espíritu castizo de nuestros barrios, evitando convertirse en una zona residencial sin vida.  Y cuando ves alguna tienda de moda que se diferencia en el producto en cualquier manzana llena de escaparates de Inditex, sonríes pensando que todavía quedan valientes con ganas de plantar cara.

En estas fiestas en las que tenemos cualquier producto en casa a golpe de click os animo a echar un vistazo, si las luces no nos ciegan, a las tiendas en las que el objeto a comprar, todavía se puede tocar y probar.

Compren en local. Hagan vida de barrio.

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