De libros y wifi

Sábado por la mañana. Toda la familia en un autobús para ir a visitar el monasterio de San Millán de la Cogolla aprovechando que hay jornada de puertas abiertas y se puede visitar la biblioteca de incunables, precisamente en la cuna del castellano .

Nada más arrancar, el chófer realiza una pequeña introducción de los monasterios de Yuso y Suso que componen el conjunto de San Millán. Nos desea un viaje tranquilo. Y corto, pues el trayecto durará algo más de media hora desde Logroño.

Al minuto vuelve a dirigirse a nosotros. Parece que algún pasajero le ha pedido la clave del wifi. Me quedo con cara de sorpresa viendo como todo el mundo trata de introducirla en el móvil. Incluso hay gente que le espeta al chófer que la conexión no vaya tan rápido como esperaban.

Cuando nos apeamos en Yuso, el gélido aire me borra de la cabeza la escena del autobús de un frío bofetón.

Disfrutamos de un día genial, enseñando a los críos los gigantescos cantorales, las miniaturas de los libros, el precioso claustro y el magnífico coro. Tuvimos la oportunidad de conocer la biblioteca de la mano de su guardián, con su llave escondida en el hábito.

Terminamos brindando con ‘un bon vaso de bon vino’ emulando a Gonzalo de Berceo.

Al regresar, ya en el autobús, los pasajeros del asiento de delante , se ve que sintieron alivio al comprobar que la clave de wifi siguiera siendo la misma. De esta manera la niña que iba con ellos podría continuar viendo YouTube y no darles guerra a la vuelta. Los mismo ocurría en todos los asientos. La gente, quizás se había saturado de cultura por un día y se tenían que desahogar viendo estúpidos vídeos para hacer la media.

En ese momento estuve a punto de enviar un comentario a la Fundación San Millán para informarles que no habían conseguido el objetivo. Si su función era divulgar la cultura en el mejor entorno posible, donde se encontraron las primeras palabras escritas en castellano, donde durante siglos unos monjes trataron de preservar libros para que llegarán a nuestros días, habían fracasado.

Sin embargo, desistí. Quizás habían sido los visitantes pegados al móvil los que no habían entendido nada. Quizás escogieron el tríptico en alemán que no pudieron traducir. O simplemente es que, quizás, nos estamos volviendo imbéciles.

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