Una forma diferente de hacer vino

 

 

Descalzo y con los pantalones remangados. Horquillo en la mano levantando los orujos para que se prense por su propio peso. Espacios oscuros iluminados, a veces, por una bombilla lejana. Lagos de hormigón y piedra y una gavilla de sarmientos a modo de filtro.

Esas son sus únicas  herramientas para trabajar a la antigua usanza, cuando cualquier cueva o caño era el lugar propicio donde construir un lago donde elaborar vino. Vino con el saciar la sed durante año. Ajeno a la barrica.

La escena, aunque actual, me remonta a una época en la que la vinificación no estaba tecnificada. En el que la experiencia y la suerte iban unidas para conseguir un producto digno y a veces duro.  Me pasan la copa del vino recién elaborado esperando esa rudeza y encuentro un dulzor y una finura que me devuelve a la época actual.

Damos cuenta de un aperitivo, sentados en los salientes de piedra del caño centenario donde se elabora este vino nuevo y joven con esencia antigua, recordando cuando mi abuelo me contaba que iban a las bodegas de su pueblo a echar un trago y pasar la tarde con un soldado viejo como única merienda. Nos llevamos el vaso a la boca sin los protocolos ortodoxos y evitando la parafernalia al que hoy en día nos tienen acostumbrados.

 Detrás de los muros de esta bodega en la Sonsierra riojana, dejo la esencia  de antaño habiendo disfrutado del Placer con todos los Sentidos.

 www.elvinoprodigo.com

Ya no se canta en el campo

Es de noche oscuro cuando los primeros hombres salen de sus casas camino de la finca donde dejaron el tajo el día anterior. Cierran los ojos respirando el frescor del amanecer, queriendo retenerlo al máximo porque, dentro de poco, el sol no les dará tregua.

image

Con los primeros rayos las mujeres se ponen en marcha, acarreando las cestas para la comida. Unas van en carro donde los botijos recién llenados de agua fresca saciarán la sed que da el duro trabajo de la siega. Cuando llegan a la finca, ya tienen tarea, pues el grueso de los hombres armados de hoces y guadañas y protegiéndose con zoquetas los dedos y sombreros de paja la cabeza, han ido abriendo camino en el campo de trigo.  Ellas empiezan a doblarse para comenzar a espigar. Van  amontonando las mieses que luego cargarán en carros para llevarlos a las eras.

image

Ata bien y siega bajo, aunque te cueste trabajo. Repiten a los más jóvenes.

La conversación, las chanzas y las canciones van animando la mañana.

Canta alegre, el segador

en medio de la faena.

No es suya la mies y canta,

¡qué sería si lo fuera!

A la hora de la comida, cuando el sol está más alto, buscan cobijo en alguna sombra. Unos apoyan la espalda contra los árboles que hacen las veces de comedor improvisado. Otros tumbados cual largos son, tratan de aliviar el dolor de riñones. Un jota rompe el silencio de la sobremesa. Alguno se queja, pues no le dejan echar una cabezada.

image

Segadora, segadora,

¡qué aborrecida te ves!

Todo el día en el rastrojo

y agua no puedes beber.

                                              

El entusiasmo va languideciendo como el sol. A última hora de la tarde, los carros devuelven a los trajinados segadores a sus casas para recuperarse para la siguiente extenuante jornada. Las canciones han dado paso a refranes y frases hechas que invitan a recogerse. Unos pocos se llegan hasta la era. Más tarde saldrán a la fresca. Los más valientes se animan a un trago.

image

Hoy en día el aire acondicionado de las cabinas deja fuera el calor y el asiento el dolor de espalda. En la radio se escuchan tertulianos debatiendo sobre política y economía. Ya no se canta mientras se siega.