El jardinero y el hortelano

Este fin de semana he compartido tiempo con los tipos del título.

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El hortelano posee una huerta fabulosa, llena de color a medida que se  acerca el verano. Verduras, frutas y hortalizas se alinean de manera ordenada para aprovechar los riegos o las sombras que pudieran dar las tapias medio derruidas que hacen de linde con el siguiente vergel.

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El jardinero no tiene menos colores ni orden en sus dominios. En su caso, la pared medio derruida forma parte del escenario donde colocar distintas flores que vuelven a dar vida a muros que hace tiempo que no la albergan.

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Ambos tienen en común el amor por su parcela, su disponibilidad, emplear el tiempo necesario en el trabajo, la finura en las maneras ya sea de unas tijeras diminutas o un vasto azadón.

Sin embargo hay algo que los diferencia. Así como para el primero su fin último es el producto, que a base de riego y sol obtendrá tarde o temprano, el del segundo es la estética. El primero denota dinamismo y el segundo, una especie de contemplación. Olores y sabores el primero, una instantánea enmarcada el último.

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En ambos casos, aprovechar los recursos y reutilizar una y mil veces materiales es su forma de trabajar; pero, así como uno exprime los mismos dando protagonismo a la cesta que baja para casa, el segundo no escatima en ornamentos para conseguir sus objetivos. Así, no hay hortelano que se precie que no tenga un somier a modo de puerta en su huerta o que no se queje se la subida de 10 céntimos en una planta, ni jardinero que no tenga una valla diminuta separando distintas flores o una orza de barro descascarillada flanqueando un camino sinuoso hacia la casa.

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La verdad que tengo la suerte de tener cerca a los dos, y ser un cliente asiduo de sus productos. ¡¡ Imaginaos una mezcla de ambos!!

Por estas fechas, al cerrar los ojos,  aprovechando los rayos de sol que empiezan tímidamente a calentar, me viene a la mente la imagen de cualquiera de ellos, camisa abierta, sombrero de paja deshilachado, con su figura  a contraluz, como la premonición de una temporada espectacular.

 

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De Tierras y vino

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Se le pueden llamar batallitas de abuelo, pero si escuchas atentamente a la experiencia encontrarás historias llenas de orgullo.
Uno de las episodios de la vida de mis abuelos que más les llenaba de emoción al contarlo era cómo un grupo de pequeños agricultores en los años 50 fueron pioneros en agruparse en una cooperativa. La primera bodega cooperativa de La Rioja.
Ser pionero en algo relacionado con el vino en tierra con nombre de vino yo diría que es tremendamente importante. Ahora lo vemos con cierta distancia, aunque lo que buscaban entonces era encontrar mejores condiciones para negociar el precio del vino 
“Se vendimiaba en camportillos…”. “Se llevaba la uva a las bodegas que había en el pueblo. Bodegas viejas. Pero era lo que había”. “Recogías el vino en pellejos”. “Mucho trabajo y mucha gente. Costó mucho.” “No  hay que dejarlo…” Insisten siempre los mayores.

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El trabajo de mucha gente se hizo realidad en 1955 cuando se edificó la bodega originaria. Con depósitos de hormigón que han seguido operativos hasta la última ampliación, pasando de vender graneles a comercializar su propia marca.
Siempre que pasábamos cerca, hacíamos una parada; una especie de genuflexión, una mirada de orgullo y el nexo de unión entre tanta gente: Un sentimiento de pertenencia a algo mayor y común.

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Punto de encuentro los sábados para recoger productos con que tratar las viñas o amontonamiento de carretillas con los garrafones para para recoger el vino con que llenar el caño ese mes. Tertulias interminables en las largas esperas de vendimias. Vino de la tierra y orgullo del pueblo. Las siguientes generaciones han sabido mantener, con ciertos altibajos, el espíritu de sus fundadores.

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Uno de ellos me falta desde hace tiempo, pero el que me queda y del que heredé el nombre, sigue juntándose con la asamblea juvenil nonagenaria a la sombra del árbol al final del puente sobre el Jubera. Una suerte de guardianes de lo que una vez formaron parte activa. Completando su imaginaria militar con paseos en época de vendimias, despidiéndose del sol al rumor de los tractores que ese cuerpo ya no está para trasnochar.

http://www.bodegassanesteban.com/